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Esta pregunta tan común viene usualmente de alguien que ha empezado a dejar de comer granos y azúcares y está teniendo dificultades para reemplazar los carbohidratos con las grasas que siempre le han dicho que debe evitar. Y reemplazarlos es importante, pues de lo contrario es inevitable experimentar el malhumor y el hambre asociada con el no comer suficiente comida.
De todas las cosas que hacemos por nuestra salud, creo que para todos este es uno de los esfuerzos más disfrutables – al menos una vez que nos acostumbramos. Debes hacerlo de la manera más limpia que puedas, por supuesto – pastado y orgánico si lo puedes conseguir y comprar, pues esto asegura una mejor nutrición y menos toxinas.
¡Grasa de sartenes que se tira en el drenaje! Es una desgracia, realmente – sin mencionar el daño que le hace a tu tubería. ¡Guarda las grasas! Almacénalas con orgullo. Estas grasas recién asadas son perfectas para cocinar carne o saltear y freír. Alternativamente, cubre la piel de cualquier ave que estés cocinando con grasa de pato, y tendrás un ave tan suculenta y con piel tan crujiente que llorarás de la felicidad.
Acompaña tus vegetales con grasas. Es cierto, el sabor natural de los vegetales es muy bueno por si solo. Es una de las cosas que muchas personas aprecian de una dieta más natural – la habilidad de probar la sutileza de la comida fresca. Dicho eso, hay algo únicamente satisfactorio en los vegetales tratados con la riqueza de las grasas. Cualquiera que haya asado coles de Bruselas con grasa de tocino o de ganso sobre puré de nabo sabe de lo que estoy hablando.
Aunque podrás conseguir tus propias reservas de grasa de lo que cocines, considera comprar una variedad – pedazos o grasas desechadas. Incluso la grasa pastada y orgánica puede ser económica. Un carnicero local o una granja que venda directamente te puede proveer de grasa de res o aves.
La yema es lo principal aquí. Además de integrarlos en tu dieta como desayuno o cocer unos deliciosos huevos como entremés, agrega huevo picado a tu ensalada. La yema sin cocer (pero calentada si lo prefieres) le agrega algo de riqueza a aderezos y salsas.
El aguacate no es solo para hacer guacamole – aunque eso sería suficiente para amar al aguacate. Combínalo con camarones o cangrejo, o complementa cualquier ensalada con su cremosa presencia. A mi me encanta con pollo, personalmente. Haz un uso generoso del aceite de coco y el aceite de palma en tus recetas, así como de aceitunas, nueces, semillas, y carne de coco. Tenemos muchas recetas y dietas con algunas ideas frescas.
Una nota: Si no has podido tolerar la leche baja en grasa en el pasado, no te des por vencido todavía. Prueba esto antes de descartarlo. ¿Qué te parecería algo de mantequilla derretida sobre nueces asadas o algo de yogurt griego con un poco de fruta? O tal vez se te antoje un buen queso (crudo es mejor, si puedes conseguirlo) y vino después de cenar. ¿Crema? Le puedes agregar crema a todo. A mi me encanta la salsa de crema sobre pollo o mariscos, y ni se diga de una buena sopa bisque.
Un muy buen aceite de oliva llevará a una espinaca fresca o ensalada a un nuevo nivel. El aceite de aguacate y la sal de mar sobre tomates frescos es el cielo. Ya sea un toque de aceite de macadamiaen una ensalada o una cucharada de grasa de ganso puede dar un toque único para finalizar. ¡Estoy hablando de capas de sabor! Así que recuerda incorporar grasa en tu dieta.
